Comentario de texto sobre las diferentes versiones del bombardeo de Guernica entre las ediciones de Madrid y Sevilla de ABC para la asignatura Teoría e Historia del Periodismo

Contextualización

La Guerra Civil Española estalla en 1936. Aquel febrero, los resultados electorales dieron la victoria al Frente Popular. El general Franco, en coordinación con Gil Robles, líder de la CEDA, aprovechó que el Consejo de Ministros había otorgado a su presidente la potestad de decretar la ley marcial. Franco pasó por encima su autoridad y envió un comunicado como jefe del Estado Mayor Militar incitando a declarar el estado de guerra, lo cual ocurrió en Zaragoza, Valencia, Alicante y Oviedo. Sin embargo, la Guardia Civil decidió no sumarse, por lo que el intento fracasó.

Manuel Portela, presidente del Consejo de Ministros, dimitió antes de que se constituyesen las Cortes el 19 de febrero, y Manuel Azaña se hizo cargo del gobierno, que conociendo la amenaza de un complot contra la República, trató de separar a los supuestos golpistas y alejarlos de la vida política. El general Mola, principal golpista, fue destinado como gobernador militar en Pamplona, y Franco perdió la jefatura y fue enviado a Canarias. Este cambio de destinación de varios altos mandos militares permitió que se celebrase una reunión en Madrid en marzo, antes de partir a sus destinos, a la que asistieron Mola, Franco y Goded, entre otros.

Azaña se convirtió en Presidente de la República a finales de abril. Rodríguez del Barrio y Varela intentaron una sublevación a mediados de mes, pero fracasaron. Mola, mediante mediación con Sanjurjo (quien le mandaba correspondencia desde Portugal), negoció el apoyo de los carlistas al inminente golpe de Estado, pero su fracaso al ponerse de acuerdo hizo que fracasase la idea de alzarse el día 12 de julio. Por otro lado, aquellos días se sucedieron varios asesinatos que imbuyeron a los sublevados con la necesidad de precipitar los acontecimientos, y que convencieron a los carlistas para discutir los detalles del nuevo régimen más adelante.

El mismo día 12, unos pistoleros de extrema derecha asesinaron al teniente izquierdista José Castillo. Al sur, los golpistas marroquíes liderados por el general Yagüe se reunieron para celebrar el "Juramento del Llano Amarillo", en el que se concretaron los últimos términos del levantamiento contra la República. A la mañana siguiente, un grupo de guardias de asalto se lanzó a vengar la muerte de José Castillo, y asesinaron al primer político de derechas que encontraron, que resultó ser José Calvo Sotelo. El crimen se condenó rápidamente y se arrestó a los culpables, pero eso no evitó las denuncias al Gobierno de lo que parecía un asesinato organizado contra un político de la oposición. Esta venganza terminó de caldear los ánimos de los conspiradores, y convenció a los indecisos de la necesidad del golpe armado, entre los que se encontraba Franco.

Juan March, un financiero de Biarriz, le había entregado semanas antes un cheque en blanco al marqués Luca de Tena, dueño de ABC, para que éste adquiriese en Londres un avión que llevase a Franco desde Canarias a Marruecos. Con el asesoramiento de Juan de la Cierva, escogieron un modelo bimotor conocido como Dragon Rapidae, pilotado por el capitán Begg, que llevó a Franco de incógnito. Franco le sugirió por correspondencia a Mola su retirada de la operación, observando que contaban con pocos efectivos, pero tras el asesinato de Calvo Sotelo, decidió seguir adelante, y el levantamiento se produjo finalmente entre el día 17 y el 18 de julio. Cabe reseñar que en el viaje de Las Palmas a Marruecos, Franco hizo escala para recoger a un corresponsal de ABC. Pocos días después, Sanjurjo murió en un accidente aéreo, dejando a Franco al mando del Ejército de África, y Mola falleció al año siguiente en circunstancias parecidas.

El general Mola había descrito sus intenciones sobre el golpe meses antes del levantamiento, con las siguientes palabras: “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no adictos al Movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas” . Esta intención no surtió efecto, y al no ser capaces de dominar Madrid con celeridad, el conflicto se alargó y dió paso a la Guerra Civil.
Como respuesta al levantamiento, el estado quedó paralizado. Se llegaron a suceder cuatro gobiernos en un sólo día. En respuesta a esta apatía, algunos sindicatos de la CNT y la UGT convocaron una huelga general y formaron su propia contrarrevolución. Asalataron almacenes de armas en Aragón y fueron implantando el comunismo libertario por los lugares por los que pasaban. Este grupo se negó a reconocer al nuevo gobierno, que trataban de formar apresuradamente tras la dimisión del presidente Cesares Quiroga, y se empecinaron en hacer frente por su cuenta a la sublevación, aunque esta situación se solucionó ofreciendo el cargo a Largo Caballero, que era líder de la UGT. El mismo ánimo de Azaña se vería mermado por el avance de la guerra, hasta el punto de intentar dimitir varias veces, siendo convencido de lo contrario por muchos, entre ellos Indalecio Prieto, quien le criticaba su relación con los comunistas, y que le llego a decir que "su dimisión lo desmoronaría todo; porque usted personifica la República que respetan los países no aliados de Franco".

Este conflicto pronto tomó la consideración de internacional, pues los bandos enfrentados ostentaban ideologías contradictorias que, en cierto modo, representaban la organización de algunos de los estados más importantes de Europa, contando el apoyo de los fascistas a los sublevados, el de las democracias occidentales a la legitimidad de la República, o el comunismo de la unión soviética por los bandos anarcosindicalistas. Algunos autores clasifican esta guerra como el preludio de otra más grande y horrible: la Segunda Guerra Mundial.

En 1937, la contienda principal se desplazaba hacia el norte. El bando republicano había podido comprar armas y equipamento a Francia y Gran Bretaña, pero ambos países intentaban mantener cierta neutralidad -lo que tampoco impidió a autores como Malraux alistarse como voluntarios al ejército republicano-, mientras que el bando franquista contaba con el apoyo de los alemanes y los italianos, que pusieron a su disposición un conjunto considerable de armas bélicas.

El bando republicano recibió un gran apoyo armamentístico de la URSS, que supuestamente pagó con las reservas de oro del Banco de España. Es el mítico Oro de Moscú, que excitó la fantasía de varios periodistas y escritores, que lo imaginaron durante muchos años como un tesoro perdido o capturado por los nacionales, hasta el día en que el gobierno soviético hizo público que ese oro había sido gastado por el gobierno republicano hasta el punto de necesitar de crédito y contraer con ellos una cuantiosa deuda. El Komintern envió varias brigadas, entre las que se alistaron Hemingway o Coldwell, así como también ofrecieron voluntarios Irlanda, Francia, Portugal o México.

Los sublevados, por otra parte, recibieron el apoyo de la Legión Cóndor alemana y de la Aviación Legionaria italiana, para apoyar a su infantería, a la que también se unieron voluntarios. El gobierno de Hitler, aconsejado por el jefe de la Lutwaffe, Herman Göring, quiso utilizar esta guerra para poner a prueba su aviación en el terreno de una guerra convencional. Bien que lo hizo: Guernica es la prueba.

A principios de 1937, la Aviación Legionaria había bombardeado Durango, y los aviones de la Legión Cóndor habían ametrallado a refugiados civiles en las carreteras de Almería y Málaga. En Guernica se asentaba un gran número de tropas que se preparaban para la defensa de Bilbao, y la ciudad contaba con un arsenal de armas y un puente, que posteriormente fueron señalados como los objetivos del ataque por el jefe de la legión, Wolfram Von Richthofen, pese a que resultaron intactos. Sin embargo, la ciudad tampoco constituía un nodo importante en las comunicaciones, ni sus carreteras podían ser consideradas estratégicas. Por fortuna, el histórico árbol y la Sala de Juntas, emblemas del País Vasco tampoco fueron destruídos.

Al parecer, estos eran los objetivos que se le encargó a la misión, pero la declaración resulta insuficiente al tener en cuenta que el ataque se realizó con bombas incendiarias en lugar de con los explosivos habituales, y que el número de bombarderos era superior al habitual y necesario para destruir estos objetivos. También tenemos el testimonio presencial de Don Alberto de Onaindía, al que Prieto cita en el artículo que escribió desde Méjico(citación), en el que se señaló que los aviones abrieron fuego contra civiles. Más tarde, durante los juicios de Nuremberg, Göring reconoció que Guernica había sido un "banco de pruebas" para el arsenal de los nazis. El puente había sido el pretexto; la diana era la ciudad.

Pocos días después, incluso los aliados del bando nacional quedaron sobrecogidos por ver la ciudad reducida a cenizas.“Gernika se halla casi desierta y aparece totalmente destruida", asegura aquella unidad, "lo poco que queda en pie al dar el parte está aún ardiendo. El Arbol y sus dependencias han quedado bajo custodia de una compañía de Requetes de Navarra... se han presentado muchísimos paisanos y familias que se dirigen hacia Gernika ya liberada, presenciándose escenas tristísimas al encontrarse estos con sus casas destruidas totalmente o totalmente saqueadas”.

Más adelante, su relato continúa: "En el atrio de un edificio religioso hallamos dos personajes bien portados, que manifestaron ser un diputado nacionalista vasco y un periodista francés. Trataban de hacer una información sobre la destrucción de Gernika para llevarla al extranjero, queriendo demostrar era debida a la aviación nacional. Gernika tiene, entre otras industrias, una fábrica de armas (morteros y pistolas), que había sido bombardeada por la aviación nacional para evitar la continuación de sus tareas, como fue bombardeada la estación para evitar el transporte de las armas que se fabricaban. Pero en la destrucción de Gernika se apreciaban claramente dos clases distintas de ruinas, las resultantes de bombardear el sector de la estación y fábrica de armas y la que, con fines políticos, habían sido causadas mucho más recientemente, siendo consecuencia del intencionado incendio y empleo de la dinamita ordenado por el Gobierno rojo. Ellos no contaban con que nuestra ocupación fuese tan rápida, y por eso había restos humeantes del incendio y se veían los hornillos para la dinamita, algunos en los pisos más altos de los edificios. Tanto nos anticipamos, que pudimos capturar al periodista francés que había de ser testigo interesado de la destrucción y al diputado vasco que le acompañaba en esta misión, conducente a restar simpatía a nuestra causa en el exterior". Estas mismas tropas quemarían después los archivos de la iglesia, haciendo imposible un recuento exacto de los muertos.

Al ser estas entradas de diarios de guerra ajenas a la propaganda, es una posibilidad ciertamente considerable que la destrucción de Guernica fuese a la vez el resultado de las acciones de ambos bandos: por una parte el bombardeo de la aviación alemana con cargas incendiarias, y por la otra la destrucción de las provisiones que dejaban detrás los soldados de la república y el consiguiente incendio provocado. Si bien, la responsabilidad alemana de la masacre queda bastante clara gracias al reconocimiento por parte de los mismos oficiales que la ejecutaron, los relatos que mencionan autores como Bolín o Crozier suelen provenir de declaraciones orales, o de fuentes documentales de dudosa localización, por lo que parece prudente dejar en esta cuestión un ligero margen de duda.

Tras el ataque, ninguno de los dos bandos quería hacerse responsable de una masacre en la que habían muerto más de un centenar de civiles. El bando republicano y la prensa internacional culparon a los nacionales y a la aviación alemana de Hitler, utilizándolo además como una advertencia de lo que podría pasar más adelante. El bando nacional trató de no mencionar la intervención alemana en el asunto, y desplazó toda la culpa de las ruinas al bando republicano, alegando que habían destruido la ciudad en su huida. Esta versión oficial se mantuvo incluso durante la dictadura, en la que se prohibió la venta del libro de George Steer, un corresponsal de The Times que decía haber sido testigo de los hechos y señalaba como culpables a los alemanes. La verdad fue reconocida a finales de la dictadura.

Aparte de la repercusión estratégica del bombardeo en la defensa de Bilbao y en la propaganda mediática del nazismo, este acontecimiento ha tenido mucha influencia en el mundo del arte. El más famoso es el cuadro "Guernica" de Picasso, que ya le había sido encargado cuando cayeron las bombas, y que se ha convertido en uno de los grandes iconos antibelicistas del siglo XX. Blas de Otero y Gabriela Mistral le dedicaron sendos poemas al bombardeo.

Análisis

Lo primero que se hace notar es que ambos textos tienen diferente origen. El primero es una nota de prensa escrita por el lehendakari del gobierno vasco, por lo que se presenta en un tono más formal, expositivo e informativo-propagandístico, con la forma de una comunicación institucional. El segundo texto, por el contrario, es una crónica redactada en primera persona, por lo que da más apertura a incluir valoraciones y opiniones personales, con lo que tendremos un texto más coloquial, valorativo y subjetivo. A pesar de ello, sin embargo, ambos textos son bastante parecidos.

Como es de esperar durante la época de la guerra civil, ambos bandos utilizan constantemente un lenguaje bélico:“facciosos”, “agravio”, “violencia”, “heroísmo”, “cenizas”, “explosiones”, “incendio”, “rojos separatistas”, “destrucción”, o “guardia” son algunos ejemplos. Ambos utilizan, además, las que se han dado por llamar "palabras grandes", de significado elevado y difuso, muy utilizadas en las comunicación persuasiva incluso en el día de hoy. Encontramos el ejemplo en palabras como: "agravio", "violencia", "juramento", "tesón" o "heroísmo" en el primer texto; o "histórica", "fantástico", "providencia" o "emblema" en el segundo.

El siguiente punto a destacar es el enfoque de ambos periódicos. Desde la redacción de Madrid, se culpa a los "aviones alemanes en apoyo de los facciosos españoles", y justifican tamaña destrucción al uso de bombas incendiarias. Destaca el uso de la palabra "faccioso", pues al menos actualmente está dotada de connotaciones negativas que posiblemente no existiesen en el momento en que se redactó la frase, por lo que el texto mantendría de momento la forma de una comunicación institucional.

Desde la crónica de Goñi se culpa de la destrucción, como antes hemos explicado, al bando contrario. Se menciona explícitamente su convicción de que ha sido realizada por "un incendio fantástico prendido por los rojos separatistas", y no hace ninguna mención a la operación realizada por los aviones alemanes.

Mientras el lehendakari describe la situación de la ciudad comparándola con la destrucción de otras ciudades y menciona que el "montón de cenizas" ha sido provocado por las bombas incendiarias, Goñi hace una descripción más literaria, y añade la información de los monumentos que se han salvado de la destrucción y cómo los requetés (tropas carlistas) los están "cuidando".

En cuanto a la presencia de propaganda en ambos textos, la táctica es diferente en ambos casos. En el primero, el lehendakari recomienda una respuesta violenta como represalia a la destrucción de la "histórica villa". Promueve la movilización se sus tropas y la venganza de la afrenta. Goñi, por el contrario, se basta con desprestigiar a la resistencia republicana, poniendo en relieve lo irónico de que los separatistas destruyan su propio territorio, en un movimiento de tierra quemada para impedir que los nacionales puedan abastecerse con lo que los republicanos han dejado atrás.

En conclusión, tenemos en ambos textos una prueba no sólo de las diferentes orientaciones de ABC en sus distintas ediciones, sino también de la "versión oficial" que manejaban ambas partes y de qué modo la usaban para infundir moral a sus tropas y desprestigiar al movimiento contrario.

Datos de la publicación

Entre otras cosas, la guerra propició que ambos bandos hiciesen uso de la censura y prestasen gran atención a la propaganda. Inmediatamente después del levantamiento, se impuso la censura previa en todas las publicaciones del bando republicano. Los franquistas hicieron lo mismo, y crearon una delegación de Prensa y Propaganda dirigida por el general Millán Astray. Esta delegación sigue el ejemplo de otros órganos fascistas, en el sentido de buscar un control absoluto del ejército sobre los medios. Además de esto, consideraron los delitos de prensa bajo jurisdicción militar.

En octubre de 1936, Millán Astray visitó a Unamuno en la Universidad de Salamanca, y recitó un discurso con motivo del Día de la Raza. En este discurso, se refirió al País Vasco y a Cataluña (Unamuno era vasco) como los cánceres de España, y a la sublevación como una cruzada para devolver a España su religión católica. Cerró el discurso gritando "¡Viva la muerte!" y "¡Muera la inteligencia!". El discurso debió sentar mal a Unamuno, que había contribuído económicamente a la causa, pues su intervención la cerró dirigiéndose a Astray y diciéndole:

"Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho."

Unamuno fue puesto bajo arresto domiciliario y murió el último día del año. Astray aprovechó su estancia en Salamanca para, ya de paso, fundar Radio Nacional de España. Se cuenta que obligaba a los periodistas a ponerse firmes cada vez que tocaba el silbato, aunque hay que entender que la mayoría de ellos eran militares metidos a periodistas.

Millán Astray se mantuvo en la delegación hasta 1938, y le fue restituido el mismo cargo una vez montado el régimen. Allí se quedó hasta la década de 1940, en que tuvo que marcharse a Lisboa para evitar el escándalo de enamorarse de la mujer equivocada.

En el mismo bando que Astray se encontraba Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, fundador de ABC. Como explicamos antes, fue él quien se encargó de conseguirle un avión a Franco para que se uniese a la sublevación. Días después de que se produjese, el gobierno mandó desalojar el edificio, pues no se hacía responsable de las vidas de los que estuviesen en él. La advertencia no fue en vano: alguno de los redactores del periódico acabó fusilado por las calles de Madrid. El periódico estaba suspendido hasta nueva orden, y los edificios fueron ocupados por un comité sindical, al menos hasta la llegada de Martínez Barrios, de Unión Republicana, que se ocupó de gestionarlo.

Los medios incautados por la República no tenían un mensaje propagandístico unificado. Siglo Futuro pasa a la CNT. La Época, diario conservador, pasa al Partido Socialista, a la sección de Ángel Pestaña. El Debate se lo entregan al Partido Comunista. El Ya lo recibe el partido de Azaña, que sacó la revista Política. Informaciones pasa a los socialistas de Indalecio Prieto. Se crean, además, nuevas revistas: las dos más importantes fueron El Mono Azul y Hora de España. Muchos de estos periódicos incautados cambiarán el nombre de su cabecera.

Con la redacción de Madrid de ABC inutilizada, la redacción de Sevilla se puso voluntariamente al servicio del bando franquista, como hicieron muchos otros diarios conservadores: el Diario Vasco de San Sebastián, el Heraldo de Aragón, el Norte de Castilla, Diario de Burgos y La Gazeta del Norte, entre otros. La redacción de ABC en Sevilla utilizaba todos los elementos de diseño y huecograbado que tenían en Madrid, y al actuar a favor de los nacionales, dió lugar a un episodio periodístico singular en España: que la misma cabecera tenga dos ediciones con distinta ideología.

Los falangistas crearon en 1936 las revistas Arriba España en Pamplona y en julio El Alcázar de Toledo. En 1937 nacen Jerarquía y Vértice. También surgen publicaciones militares como El Soldado Español y el diario de Belchite. En 1937, la revista de humor La Ametralladora, de la mano de Miguel Mihura.
En el texto de estudio tenemos fragmentos de dos escritos publicados por dos autores de ABC, en días próximos y sobre el mismo tema, pero en las ediciones de Madrid y de Sevilla. En la edición de Madrid el autor es el presidente del gobierno vasco y primer lehendakari, José Antonio Aguirre, que fue miembro del PNV, organizó el Ejército Vasco y luchó a favor del bando republicano hasta su exilio llegado el fin de la guerra. El otro artículo fue escrito por José Goñi, corresponsal de guerra de la edición sevillana del periódico.

Bibliografía

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CONCOSTRINA, NIEVES. Menudas historias de la historia. Anécdotas, despropósitos, algaradas y mamarrachadas de la humanidad. La Esfera de los libros, Madrid, 2009.

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CROZIER, BRIAN. Franco, crepúsculo de un hombre. Editorial Planeta, España, 1980.

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