En una entrevista que le hacen a Lady Gaga en la Cosmopolitan, empieza a hablar de uno de sus ex
novios:
"Tuve una pareja que me decía que nunca lo
conseguiría, que nunca sería nominada para un Grammy, ni sacaría
una canción de éxito, y que deseaba verme fracasar. Yo le respondí:
'Un día, cuando ya no estemos juntos, no serás capaz de salir de
casa a pedir un puto café sin verme u oírme'".
Nunca me
han gustado sus canciones, pero en esa frase se expresa bastante bien
el deseo que muchos periodistas traen consigo cuando empiezan a
moverse por Internet. Queremos que todo el mundo nos vea, nos oiga y
sepa de nosotros. A mí no me parece extraño porque esa es la misma
actitud que se fomenta en cada clase o en cada ciclo de conferencias
al que asisto, y que esté relacionado con el tema. El currículo ya
no sirve: todo se maneja públicamente, a través de Internet.
Nos
dicen que en las empresas nos van a buscar en Google antes de
contratarnos y se van a interesar por lo que encuentren. Si aparece
un blog, un Twitter, un Tumblr, un Flickr, un Tuenti o un Facebook.
Nos cuentan la historia de aquella niña a la que ofrecieron un
contrato millonario para pinchar discos en una emisora pública
gracias a su podcast, o la del tipo que ficharon para National
Geographic gracias a las fotos que subía a Flickr.
Aunque
todos parecen estar de acuerdo en que el networking que se consigue
en la red trae tantos beneficios profesionales que renunciar a un
mínimo de privacidad no importa, creo que poca gente ha caído
realmente en la cuenta de que no existe un equilibrio exacto entre lo
que muestras y lo que no muestras para gozar de todos los beneficios
del exhibicionismo sin ninguno de sus inconvenientes.
Yo mismo
pensaba que ese límite existía hasta que me encontré con Dani.
Hacía mucho tiempo que no le veía, pero estaba estudiando
periodismo como yo. El año anterior había tenido una relación
algo... extraña, por decirlo de alguna manera. La chica estaba
obsesionada con él y no paraba de perseguirle.
Dani necesitaba un trabajo, o más bien varios trabajos. Gracias a sus perfiles siempre conseguía que le
saliese algo. El problema es que la loca de su ex novia también se
enteraba. Cada vez que le decía a alguien que iba a asistir a algún
congreso, la chica le perseguía y le montaba el numerito. "No
sé cómo hacerlo. Si me callo las cosas, consigo menos trabajo; pero
si las digo, ella se entera y empieza a acosarme". Pasó mucho
tiempo dándole vueltas a la cabeza, pensando en cómo librarse de
ella. Fue otro amigo, mientras estábamos de copas, el que le dió la
respuesta:
- Lo malo no es que ella se entere de lo que haces: lo malo es que te importe.
Tenía razón. Internet es libre y cualquiera puede decir lo que se le antoje con bastante facilidad. No
puedes evitar que aparezcan trolls a criticarte, pero puedes
ignorarlos con facilidad y raramente vuelven cuando no les sigues el
juego. Las redes sirven para conectar a personas, pero no sólo nos
permiten encontrar trabajo y viejos (o nuevos) amigos. A poca gente
le hace gracia encontrar que el matón de su instituto está ahora
ganando millones en una multinacional, o descubrir que la mujer a la
que despreciaste es ahora una cantante de fama internacional. El
truco está en conseguir que no te importe y seguir con tu vida.
Dani siguió su consejo, y dejó de tomárselo tan a pecho. Aquella loca siguió persiguiéndole, pero ya
nadie le prestaba atención y dejaban que fuesen los de seguridad los
que se encargasen. Con el tiempo, desapareció y no se volvió a
saber nada de ella.
Permalink Responder para Chivone el marzo 28, 2010 a las 1:10pm © 2012 Creado por Chivone.